El líder etnocacerista llevó al cómico ante la justicia por difamación agravada tras la imitación de «Antauro Fumala». Álvarez se negó a rectificarse. Señores, ¿quién tiene la razón en este pleito?
¡Señores! El enfrentamiento entre Antauro Humala y Carlos Álvarez llegó a los tribunales y no es poca cosa. El líder etnocacerista presentó una querella por difamación agravada contra el excandidato presidencial de País para Todos, y pide 3 años de prisión contra el humorista, más una reparación civil de 675 mil soles. El motivo: la imitación que Álvarez hizo de él bajo el apodo «Antauro Fumala».
Según conoció Infobae, la defensa de Humala, encabezada por el abogado Jesús Barboza, sostiene que Álvarez cometió el delito de difamación previsto en el tercer párrafo del artículo 132 del Código Penal. Esa norma contempla penas de hasta tres años de cárcel cuando el delito se comete a través de medios de comunicación o mediante tecnologías de inteligencia artificial y los llamados «deepfakes».
Como la imitación se difundió por las propias redes sociales del cómico, la defensa de Humala pide el tope de la pena. La querella ingresó formalmente a la mesa de partes de la Corte Superior de Justicia de Lima la tarde del miércoles 17 de junio, luego de que Álvarez se negara a rectificarse como le exigía el etnocacerista.
Pero el conflicto viene de atrás. A fines de mayo, Humala ya le había enviado una carta notarial al humorista para exigirle el retiro del video publicado en Facebook el 26 de mayo, donde aparece la imitación. El plazo otorgado fue de 48 horas. Humala y sus abogados calificaron el material de difamatorio y calumnioso, y rechazaron que pudiera ampararse bajo el rótulo del humor.
La defensa también cuestionó con dureza la modificación del apellido. Señaló que el apodo «Fumala» —alusión al consumo de sustancias psicoactivas— es una «técnica de amplificación del daño» destinada a fijar en el imaginario colectivo «una condición degradante e inexacta».
La carta apuntó además a las consecuencias políticas. Según el escrito, la imitación no constituye una crítica de ideas sino «una agresión sistemática a la integridad familiar y al estatus ético-militar» de Humala, con el fin de minar su legitimidad frente a su organización política. Se le exigieron dos cosas: retirar el video de todas las plataformas y publicar una rectificación con disculpas públicas «en las mismas condiciones de difusión y alcance».
Carlos Álvarez rechazó la carta notarial y se negó a borrar el video. El desenlace ya lo conocen: una querella formal pidiendo cárcel y una millonaria reparación.
Señores, aquí no apoyamos a ninguna de las partes, solo informamos lo que está sobre la mesa. De un lado, un líder político que se siente difamado y exige justicia. Del otro, un humorista que defiende su contenido y no piensa retroceder. ¿Quién creen ustedes que tiene la razón en este pleito? La palabra la tienen en los comentarios.


