La empresa de transporte rechaza las acusaciones de Piero Corvetto y revela que ya fue investigada por Dircocor con el Ministerio Público presente
Señores y señoras, después del escándalo electoral del domingo 13 de abril donde 75 locales de votación se quedaron sin material y obligaron a habilitar 13 colegios un día después, la empresa Servicios Generales Gálaga salió a dar la cara y respondió con todo a las acusaciones de la ONPE.
Y no se guardó nada.

En un pronunciamiento oficial, Gálaga rechazó categóricamente ser señalada como la única responsable del caos que paralizó las elecciones generales 2026 en varios puntos del país, especialmente en el sur de Lima.
«Cumplimos estrictamente con todas las disposiciones establecidas en los términos de referencia del servicio contratado», afirmó la empresa, asegurando tener toda la documentación que sustenta cada uno de sus movimientos.
Pero aquí viene lo interesante: según Gálaga, el servicio de transporte habría sido planificado y ejecutado conforme a los requerimientos y cronogramas que la propia ONPE les proporcionó. Es decir, habrían hecho todo según las reglas del juego que el organismo electoral estableció.
«Las demoras registradas en la etapa final del proceso no responderían a incumplimientos contractuales por parte de nuestra empresa, sino a factores ajenos a nuestra responsabilidad operativa», sostiene la compañía, dejando claro que señalan hacia otros lados.
La empresa fue más allá y cuestionó duramente las declaraciones públicas del jefe de la ONPE, Piero Corvetto, quien responsabilizó directamente a Gálaga del fiasco logístico que arruinó la jornada electoral para miles de peruanos.
Y aquí está la bomba: Gálaga le exige formalmente a Corvetto que «disponga las aclaraciones correspondientes y ofrezca las disculpas públicas necesarias por los perjuicios ocasionados a nuestra imagen institucional».
¿Se imaginan? La empresa contratada por el Estado exigiéndole al máximo responsable de la ONPE que pida disculpas públicamente. Esto no se ve todos los días.
Pero hay más. Gálaga reveló que el mismo domingo, en medio del caos, brindó toda la información relacionada al contrato a la Dirección Contra la Corrupción (Dircocor), y esto ocurrió en presencia de un representante del Ministerio Público. Se pusieron «a total disposición de las autoridades para contribuir al esclarecimiento de los hechos».
Ahora bien, señores y señoras, hay datos que no pueden ignorarse.
Esta empresa acumula S/36 millones en contratos con el Estado, incluyendo trabajos con la Municipalidad de Lima. Y ojo con esto: ya había sido sancionada anteriormente por la propia ONPE con penalidades que suman S/64,000 por incumplimientos previos.
¿Y saben qué es lo más sospechoso? Apenas una semana antes de las elecciones, Gálaga realizó una convocatoria pública de emergencia para conseguir 400 camiones destinados al traslado de material electoral.
Una semana antes. Déjenme repetirlo: SIETE DÍAS antes del evento más importante del año para la democracia peruana, esta empresa todavía estaba buscando camiones.
¿Improvisación? ¿Negligencia? ¿Falta de planificación? Ustedes saquen sus propias conclusiones.
Mientras tanto, miles de ciudadanos vieron vulnerado su derecho al voto el domingo y tuvieron que esperar hasta el lunes para poder ejercerlo en esos 13 colegios que se habilitaron de emergencia.
La ONPE activó un plan de contingencia tras lo que calificó como «un incumplimiento de la empresa Servicios Generales Gálaga», pero ahora la empresa voltea la mirada y dice que ellos cumplieron y que los problemas fueron de coordinación del organismo electoral.
¿Quién tiene la razón en este enfrentamiento institucional? ¿Gálaga realmente cumplió con todo y la ONPE falló en coordinar, o la empresa simplemente no estuvo a la altura del trabajo más importante que le confiaron?
Lo único claro es que alguien está mintiendo. Y mientras políticos e instituciones se tiran la pelota, el pueblo peruano fue el gran perdedor de esta jornada caótica.
Esta boca no se calla cuando la irresponsabilidad de unos pocos pone en riesgo la democracia de todos.


