El líder del Partido del Buen Gobierno confirmó que ya existe un pacto con la izquierda parlamentaria, dejando fuera a quienes no se alineen.
En una entrevista con Exitosa, Jorge Nieto, líder del Partido del Buen Gobierno, destapó una olla de presión política: reveló que sostuvo una conversación directa con el excandidato presidencial Roberto Sánchez, después de que los resultados electorales coronaran a Keiko Fujimori como ganadora. El objetivo: integrar un bloque sólido en el Congreso. Pero lo que parecía una simple negociación de rutina terminó con una advertencia que huele a ultimátum.
«Nosotros hemos tomado iniciativa, hemos planteado cosas, se nos ha dicho a nosotros tres: el bloque de izquierda ya tenemos un acuerdo. Se nos ha dicho: ‘Si tú quieres entrar, te avienes al acuerdo; si no te gusta, no entras, te vas'».
Jorge Nieto, líder del Partido del Buen Gobierno
La declaración no solo revela la existencia de un pacto cerrado con la izquierda parlamentaria, sino que también expone una dinámica de poder donde la disidencia no tiene cabida. Nieto fue tajante: quienes no acepten los términos del acuerdo, simplemente quedan fuera. Una jugada que, según analistas, busca consolidar un frente opositor sólido frente al oficialismo, pero que también levanta cejas sobre la democracia interna de los bloques políticos.
Belmont y las reuniones fantasma
Nieto también aprovechó para aclarar el enredo con Ricardo Belmont, quien lo acusó de haberlo dejado plantado en cuatro reuniones. El líder del Partido del Buen Gobierno contraatacó: aseguró que recién tiene el número de celular del aspirante a la Alcaldía de Lima «hace dos días» y que duda que Belmont tenga el suyo. «Lo que manifestó Belmont es parte de una discusión sobre si se produce o no algún tipo de arreglo para la composición de las mesas directivas», explicó, dejando entrever que el exalcalde podría estar usando el tema como presión política.
La revelación de Nieto, en plena transición de poderes, no solo calienta la previa de la nueva legislatura, sino que pone sobre la mesa una pregunta incómoda: ¿estamos ante un Congreso de bloques cerrados o de representación genuina? Mientras tanto, la advertencia de «avienes o te vas» resuena como un eco de viejas prácticas políticas que muchos creían superadas.


