El candidato de Juntos por el Perú le da la espalda a sus propias promesas electorales para congraciarse con los poderes económicos
Roberto Sánchez, candidato presidencial de Juntos por el Perú, salió a defenderse públicamente luego de que se evidenciaran contradicciones flagrantes entre el plan de gobierno con el que compitió en primera vuelta y un nuevo documento que circula de cara a la segunda vuelta electoral. El cambio no es menor: donde antes su agrupación planteaba revisar los tratados de libre comercio (TLC) y eliminar los contratos ley, ahora el nuevo texto señala respeto irrestricto a los acuerdos comerciales vigentes y no menciona ninguna modificación a los contratos ley.
Consultado directamente sobre estas diferencias durante una actividad pública, Sánchez no negó el cambio. Al contrario, lo reivindicó: sostuvo que el nuevo documento es la propuesta con la que gobernaría si llegara a la Presidencia. «Este es la oferta, el programa del consenso que reúne no solamente a Juntos, sino a todos aquellos que hoy nos sentimos convocados para la madurez de hacer un gran consenso buscando las coincidencias para solucionar los principales problemas del Perú», declaró.
En otras palabras: el plan original, el que los votantes conocieron y con el que muchos decidieron respaldar su candidatura en primera vuelta, ya no sería el que aplicaría en el gobierno.
Un «consenso» que borra las promesas originales
El nuevo documento lleva el nombre de «Prioridades estratégicas para la gobernabilidad y el desarrollo con equidad de la nación peruana» y, según explicó el propio Sánchez, fue elaborado para generar acuerdos con distintos sectores políticos y sociales. El objetivo declarado es construir una agenda común que atienda las demandas de la población.
«Este es el plan con el cual gobernaremos en adelante el periodo constitucional», afirmó el candidato, confirmando así que el documento que los electores evaluaron en primera vuelta ya habría quedado obsoleto.
Lo que Sánchez llama «consenso» y «madurez política», sus críticos lo interpretan como un giro ideológico dictado por presiones de grupos económicos y fuerzas políticas alejadas de la base que lo llevó a la segunda vuelta. La pregunta que queda en el aire es directa: ¿votaron los peruanos por un plan que el propio candidato ya descartó?


