El ahora presidente entró al penal Barbadillo en día prohibido, fuera del horario permitido, sin presentar ningún informe, y un día después de asumir el poder llegó la solicitud de indulto
Hay preguntas que el poder no quiere responder. Y precisamente por eso hay que hacerlas hasta que duelan.
¿Qué se habló durante las casi dos horas que José María Balcázar Zelada pasó encerrado con Pedro Castillo en el penal Barbadillo, en Ate, apenas quince días antes de ponerse la banda presidencial? Nadie lo sabe. No hay informe. No hay acta. No hay declaración. Solo silencio. El mismo silencio que debería indignarle a cada peruano que cree que este país merece algo mejor que un presidente que visita en secreto al hombre que intentó destruir la democracia.
Los hechos están documentados. El cuaderno de visitas del penal registra la entrada de Balcázar minutos antes de las 5:00 de la tarde del martes 3 de febrero. Su salida: 6:51 p.m. El horario de atención del penal cierra a las 4:00 p.m. Es decir, entró cuando ya no debía entrar. Y los martes no son días autorizados por el INPE para que Castillo reciba visitas: solo los sábados, salvo sus abogados. Balcázar no es su abogado. Balcázar era congresista, y usó esa prerrogativa como llave maestra para colarse donde un ciudadano común jamás hubiera podido entrar.
Lo registró como «fiscalización».
¿Fiscalización de qué, señores? ¿Qué estaba fiscalizando Balcázar dentro de ese penal durante casi dos horas, en un día y horario que no correspondía, sin que exista un solo documento que justifique esa visita? El congresista Alejandro Muñante, de Renovación Popular, lo dijo sin rodeos: «El señor Balcázar tendría que haber hecho público los resultados o haber elaborado un informe de esa fiscalización. Cuando hay este tipo de cosas no elevan ningún informe. Se está haciendo un uso y abuso de una prerrogativa constitucional que tiene un congresista para, simplemente, tener un trato privilegiado.»
Un trato privilegiado. Para un golpista condenado. Del hombre que hoy gobierna el Perú.
La Cronología que Nadie Quiere Ver Junta
Poner los hechos uno al lado del otro duele. Pero es necesario.
El 19 de diciembre de 2025, Irma Castillo Terrones, hermana del exgolpista, entró al despacho congresal de Balcázar. Ese mismo día, Balcázar recibió también a Dermalí Cubas, personero legal de Todos con el Pueblo, el partido que el propio Castillo impulsó y que no logró inscribirse a tiempo para las elecciones. Sin embargo, Irma Castillo sí postula: aparece como candidata a diputada por Lima bajo las filas de Juntos por el Perú.
Días antes de esas visitas, ese mismo partido había presentado dos iniciativas de ley de amnistía. En la misma línea del proyecto que Balcázar había firmado en junio de 2023, de autoría de Guido Bellido, donde se proponía amnistía para los responsables del golpe de Estado de 2022 y se determinaba la «excarcelación inmediata» de Pedro Castillo. El mismo Bellido que fue el primero en lanzar públicamente el nombre de Balcázar para la presidencia.
Todo conecta. Todo apunta en la misma dirección.
Y entonces llega el remate: el día siguiente a la juramentación de Balcázar como presidente, la defensa legal de Pedro Castillo presentó formalmente su solicitud de indulto presidencial.
Un día después.
Señores, ¿a quién le vamos a creer: a las fechas o a las excusas?
La Advertencia Está Hecha
Muñante no se quedó callado ante la posibilidad de que esto termine con Castillo en libertad: «Si mañana uno se entera que el señor Balcázar viene tramitando un indulto para Castillo, que no quepa duda que vamos a presentar una moción de censura en su contra.»
Esa advertencia está bien. Pero no es suficiente. Porque este país ya vivió demasiado tiempo esperando que alguien más haga lo que todos deberíamos exigir juntos.
Un presidente que abusa de sus prerrogativas para visitar a un golpista en la cárcel, que no da explicaciones, que no presenta informes, y que asume el poder mientras su aliado político pide el indulto al día siguiente, no merece el beneficio de la duda. Merece preguntas. Merece presión. Merece que esta boca no se calle.


