GobiernoArriola y Montúfar estarían con un pie afuera y Cerrón ya estaría gobernando desde las sombras

Avatar photo Redacción CPD21 de febrero de 2026

El prófugo más buscado del país dictaría órdenes a Palacio — y Balcázar las obedecería

Señores y señoras, lo que está pasando en el Perú no tiene precedentes. Un hombre con orden de captura vigente, prófugo de la justicia hace más de 866 días, sale de la sombra apenas asume un presidente de su mismo partido y le dice exactamente qué hacer, a quién sacar y cómo gobernar. Y lo peor: todo apunta a que le están haciendo caso.

Vladimir Cerrón, sentenciado y fugitivo, publicó en su cuenta de X — minutos después de que José María Balcázar juramentara como presidente — un mensaje que no fue una sugerencia: fue una orden. «El nuevo presidente de la república debe combatir la inseguridad ciudadana empezando por la baja del comandante general de la PNP, Óscar Arriola Delgado, quien demostró un manejo totalmente ineficiente», escribió. No dijo «sería bueno». Dijo «debe». En primera persona. Con nombre propio. Sin titubeos. Desde algún lugar donde la Policía, según su propio jefe, todavía no sabe dónde encontrarlo.

Y aquí empieza el escándalo dentro del escándalo.

La reunión que lo dice todo

El mismo día en que Cerrón lanzó ese ultimátum público, el general Óscar Arriola fue citado a Palacio de Gobierno. Ingresó a la 1:58 de la tarde por la puerta de Desamparados, saludando a los medios con una sonrisa amplia, relajado, como quien va a renovar un contrato. A las 2:35 ya estaba afuera. Treinta y siete minutos. La sonrisa había desaparecido. El gesto era otro. Según testigos presenciales y la periodista que cubrió el ingreso y la salida, el cambio fue radical: entró confiado y salió cabizbajo, subió al vehículo sin declarar y se marchó. Los rumores que ya circulaban en redes cuadran perfectamente con esa imagen: Arriola habría sido informado de que su continuidad no está garantizada.

Foto: Correo

Mientras tanto, los miembros de las Fuerzas Armadas — César Briseño del Comando Conjunto, Oswaldo Calle Talledo del Ejército, y representantes de la Marina y la FAP — estuvieron en Palacio casi tres horas. La diferencia de trato no pasó desapercibida para nadie.

El peón hace lo que el rey le ordena

Balcázar, antes de asumir la presidencia, ya había declarado públicamente que tomaría en cuenta la opinión de Cerrón. No dijo que la evaluaría. Dijo que la tomaría en cuenta. Y Cerrón, lejos de disimular, celebró el resultado electoral de Perú Libre afirmando que su partido «retornó al Ejecutivo». No dijo que un militante llegó al poder. Dijo que su partido retornó. Ese «su partido» del que él sigue siendo el jefe absoluto, incluso desde la clandestinidad.

Lo que China Polo Dominical sostiene sin rodeos es lo siguiente: Balcázar no gobierna. Administra. El que gobierna es Cerrón. Y esta sería una de sus primeras demostraciones de poder: hacer rodar cabezas en la PNP con una publicación en X, sin pisar Palacio, sin dar la cara, sin rendir cuentas ante nadie.

Montúfar: el otro que tendría las horas contadas

Foto: Caretas

El coronel Juan Carlos Montúfar llegó a los titulares el 16 de febrero de la peor manera posible. Durante la protesta de los transportistas de la empresa El Rápido — convocada tras el asesinato del conductor Amílcar Raúl Marcano Rodríguez, acribillado por sicarios — Montúfar dirigió personalmente un operativo que detuvo a un chofer llamado Wilfredo Reyna por el presunto delito de «disturbios». El problema: los buses no estaban bloqueando la vía. Los estaban bloqueando los propios patrulleros de la PNP. Todo quedó grabado en cámara. En vivo. En televisión nacional.

Cuando la prensa le preguntó a Montúfar por qué acusaba a los transportistas de obstruir el tránsito si eran los policías los que cerraban el paso, el coronel guardó silencio. No tuvo respuesta. Reyna, el conductor detenido, declaró después: «Me siento mal, yo no he hecho nada malo». El gremio transportista exigió de inmediato la destitución de Montúfar ante el propio Arriola. Una exigencia más sobre los hombros de un comandante que ya carga con las suyas.

La paradoja que nadie puede ignorar

Óscar Arriola lleva más de dos años prometiendo la captura de Cerrón. En octubre de 2023 dijo que los equipos especiales estaban desplegados. Han pasado 866 días. Cerrón sigue libre, publicando en redes, dando entrevistas, marcando agenda política y — ahora — dictando órdenes presidenciales. Y el hombre que no pudo capturarlo es el mismo al que Cerrón hoy le exige la baja, ante el presidente que Cerrón considera su peón.

Si Balcázar cumple la orden, quedará claro ante el país entero quién manda. Si no la cumple, veremos si Cerrón acepta la desobediencia de su propio inquilino de Palacio.

En las próximas horas o días, señores y señoras, sabremos si el Perú tiene presidente o si tiene un intermediario.

Seremos la voz de aquellos que no son escuchados, exponiendo injusticias y casos de corrupción. Buscamos generar impacto real en la sociedad, transformando la indignación en acción colectiva y construyendo una comunidad comprometida con la transparencia y la justicia.