En pleno Día de Reyes, el fiscal interino ejecuta el golpe definitivo contra los fiscales que investigaban a los más poderosos
Este martes 6 de enero, Tomás Gálvez materializó lo que muchos temían: oficializó mediante cuatro resoluciones publicadas en El Peruano el desmantelamiento de los equipos que perseguían la corrupción en las más altas esferas del poder. Lava Jato, Cuellos Blancos del Puerto, Eficcop y Eficavip dejaron de existir tal como los conocíamos.
Pero lo más grave no es la desactivación en sí misma, sino lo que esto representa: un mensaje claro de que tocar a los poderosos tiene consecuencias. Y la principal víctima de este operativo tiene nombre y apellido: José Domingo Pérez, el fiscal que se atrevió a investigar a expresidentes y recuperar miles de millones de soles para el Estado.
La promesa cumplida: «Vamos a bajar a los reyes»
En diciembre, Gálvez no ocultó sus intenciones. Con un tono que muchos calificaron de vengativo, anunció: «Ya se ha tomado la decisión. Como estos se han considerado reyes, vamos a hacerlo el día de la Bajada de Reyes, pero no por Bajada de Reyes a Jesucristo, sino porque bajamos a los reyes, a los reyes entre comillas».
¿A qué reyes se refería Gálvez? No a los corruptos que robaron al país, sino a los fiscales que los investigaron. El mensaje era claro: quien ose desafiar al poder, será removido.
Ahora bien, las resoluciones publicadas muestran un diseño aparentemente técnico: los fiscales no serían dispersados caóticamente, sino «reorganizados» en subsistemas especializados. Los de Lava Jato pasarían a Lavado de Activos; los de Cuellos Blancos y Eficcop irían a Corrupción de Funcionarios; y los de Eficavip se integrarían a Derechos Humanos.
Según el documento oficial, esta reorganización aprovecharía «la experiencia de los fiscales en casos complejos» y permitiría que continúen con sus expedientes hasta la culminación de los procesos. Suena razonable, ¿verdad? Pero hay un detalle que desmonta toda esta fachada de orden.
La desaparición de José Domingo Pérez: el mensaje más contundente
La Resolución N.º 007-2026-MP-FN marca el fin del Equipo Especial Lava Jato, aquel grupo creado en diciembre de 2016 que puso contra las cuerdas a la clase política más poderosa del país. Rafael Vela Barba era su coordinador, pero el rostro público, el fiscal que no temblaba ante amenazas ni presiones, era José Domingo Pérez.
¿Y qué pasó con Pérez en esta «reorganización»? Simplemente desapareció del mapa. Mientras la resolución detalla minuciosamente dónde irá cada fiscal, el nombre de José Domingo Pérez brilla por su ausencia. Ni una línea. Ni una mención. Como si nunca hubiera existido.
Rafael Vela será reubicado en la Primera Fiscalía Superior de Lavado de Activos, el mismo puesto que ocupaba antes de Lava Jato. Los demás fiscales del equipo —21 en total— tienen su destino trazado: Norma Mori, Kelly Tarazonas, Luz Flores, Walter Villanueva y el resto pasarán a la nueva estructura del subsistema de Lavado de Activos, que dirigirá Germán Juárez Atoche, curiosamente otro exintegrante de Lava Jato.
Pero Pérez, el fiscal que llevó a juicio a Alan García, Alejandro Toledo, Pedro Pablo Kuczynski, Keiko Fujimori y decenas de políticos más, simplemente fue borrado. ¿Renunció? ¿Lo sacaron? ¿Lo enviaron a algún despacho perdido en provincia? Nadie lo sabe porque oficialmente no existe en este nuevo orden.
El dato no es menor: Pérez pertenecía a la Primera Fiscalía Supraprovincial Especializada en Delitos de Corrupción de Funcionarios. Pero en la nueva estructura, no hay lugar para él. O más bien, decidieron que no lo haya.
Los ocho despachos fiscales del extinto Equipo Especial tienen en sus manos 97 carpetas fiscales activas, 71 de ellas en etapa de preparación y juicio oral. Casos millonarios, investigaciones que tardaron años en construirse, procesos contra los más poderosos. ¿Y ahora? Muchos fiscales adjuntos que trabajaron estos casos tampoco aparecen en la nueva estructura y tendrán que regresar a sus plazas de origen, dejando todo ese trabajo en manos de desconocidos.
Cuellos Blancos: el equipo que destapó la podredumbre judicial también cae
El Equipo Especial Los Cuellos Blancos del Puerto, creado tras el escándalo de los audios que mostraron cómo jueces y fiscales vendían sentencias como si fueran empanadas, corrió la misma suerte. La Resolución N.º 006-2026-MP-FN lo disolvió oficialmente.
Este grupo investigaba presuntos delitos de crimen organizado y corrupción enquistada en el propio sistema de justicia. Sus miembros ahora serán absorbidos por el subsistema de Fiscalías Especializadas en Delitos de Corrupción de Funcionarios. Se acabó la designación de 31 fiscales superiores provisionales de Lima que trabajaban estos casos.
Alfonso Barrenechea, el último coordinador de este equipo, regresa a la Fiscalía Superior Transitoria Especializada en Prevención del Delito. Mientras tanto, Nuri Fernández Risco, María Ortíz García, Lesly Carmona Viene y Eiser Jiménez Coronel se integrarán a la nueva Coordinación Nacional de Fiscalías Anticorrupción, junto con otros 5 fiscales provinciales y 25 adjuntos que sobrevivieron a la purga.
¿Casualidad que se desactive justo el equipo que investigaba la corrupción dentro del propio Poder Judicial? Ustedes saquen sus propias conclusiones.
Eficcop: cuando investigar al poder te cuesta el puesto
El Equipo Especial de Fiscales contra la Corrupción del Poder (Eficcop) tenía una misión clara: investigar a presidente, congresistas, ministros y toda la cúpula del poder político. Exactamente lo que más molesta. Y como era de esperarse, también fue desactivado mediante la Resolución N° 008-2026-MP-FN.
Vanessa Díaz Ramos, quien coordinaba este equipo, vio cancelada su designación de un plumazo. Irónicamente, el Eficcop ya había sido integrado antes al subsistema anticorrupción por la suspendida fiscal de la Nación, Delia Espinoza. Pero eso no fue suficiente para Gálvez, que decidió dar la estocada final.
Díaz continúa como fiscal anticorrupción, igual que Julio Ormeño Peves y Gunther Cornejo Gonzáles. Estos dos últimos fueron reubicados: uno va a la Primera Fiscalía Provincial Penal Corporativa de San Juan de Lurigancho, el otro a la Fiscalía Supraprovincial Especializada en Delitos de Corrupción de Funcionarios.
El patrón se repite: equipos que investigaban a los poderosos son desmantelados bajo el argumento de «reorganización». ¿Mejorará la eficiencia o simplemente se diluirán las investigaciones incómodas?
Eficavip: las muertes en protestas que incomodan al poder
El Equipo Especial de Fiscales para casos con víctimas durante las protestas sociales (Eficavip) fue creado en marzo de 2023, cuando el país aún sangraba por las más de 50 muertes durante las manifestaciones contra el gobierno de Dina Boluarte. Investigar esas muertes significaba incomodar al gobierno. Y los que incomodan, sobran.
La Resolución N° 005-2026-MP-FN ordenó su desactivación, trasladando al grupo hacia el subsistema de Fiscalías Especializadas en Derechos Humanos y contra el Terrorismo. El objetivo oficial: «implementar orgánicamente la Cuarta Fiscalía Superior Penal Nacional Especializada en Derechos Humanos e Interculturalidad». Suena técnico, suena necesario, suena a excusa perfecta.
Se concluyó la designación de 40 fiscales superiores que trabajaban estos casos. Ahora fueron derivados a otros despachos para «continuar con las investigaciones». Pero cualquiera que entienda cómo funciona el sistema sabe que dispersar equipos especializados es la forma más efectiva de enterrar casos sin decir que los estás enterrando.
Las familias de las víctimas de Ayacucho, Puno, Apurímac y Cusco esperaban justicia. Ahora tendrán que esperar que fiscales nuevos, sin el conocimiento acumulado, retomen investigaciones que ya llevaban meses de avance.
La voz del proscrito: «Me declararon enemigo interno del país»
José Domingo Pérez no se quedó callado. En una columna publicada en un noticiero titulada «La baja de reyes de Tomás, el ‘hombre fuerte interino’ y el ‘enemigo interno'», el fiscal defendió su trabajo recordando algo que nadie puede negar: las sentencias contra expresidentes y las reparaciones civiles por más de 4 mil 653 millones de soles que logró recuperar para el Estado.
«A pesar de los resultados objetivos, en días pasados, el hombre fuerte interino de la Fiscalía de la Nación anunció la desactivación del Equipo Especial de fiscales del caso Lava Jato, recitando los mismos argumentos que sostienen quienes buscan destruir la labor de los fiscales», escribió Pérez.
Pero lo más revelador de su columna es cuando señala que tras las investigaciones a políticos poderosos, «los adversarios políticos de antaño se unieron bajo un mismo propósito: tumbarse el caso Lava Jato». Izquierda, derecha, centro, todos. Porque al final, cuando tocas privilegios y cuentas bancarias, las diferencias ideológicas desaparecen.
Pérez recuerda las «campañas sumamente agresivas y voraces de falsas narrativas sindicando favorecimientos indebidos a Odebrecht». Años de ataques coordinados, de deslegitimación sistemática, de medios y políticos repitiendo hasta el cansancio que los fiscales de Lava Jato eran «los verdaderos corruptos».
Y el desenlace, según Pérez, estaba cantado: «Tomás Gálvez, el actual hombre fuerte interino de la Fiscalía de la Nación fanatizado por la infame narrativa, proscribe a los fiscales del caso Lava Jato, Rafael Vela y José Domingo Pérez, declarándolos hijos pródigos del status quo: Los enemigos internos del país».
Enemigos internos. Esa es la etiqueta que le pusieron al fiscal que recuperó miles de millones robados, que llevó a prisión a ladrones con corbata, que no tembló ante amenazas ni presiones. Enemigo interno por hacer su trabajo.
La pregunta es simple, señores y señoras: ¿quiénes son realmente los enemigos del país? ¿Los fiscales que persiguen la corrupción o los que los persiguen a ellos por hacerlo?


