Candidato presidencial habría ocultado durante dos décadas relación con colaboradora 29 años menor y le atribuyen paternidad jamás confirmada
Mientras José Luna Gálvez recorre el país prometiendo transparencia y honestidad desde su candidatura presidencial por Podemos Perú, un escándalo de proporciones devastadoras amenaza con destruir su imagen: el político habría mantenido en secreto durante más de veinte años una relación sentimental con una de sus colaboradoras, 29 años menor que él, y existirían señalamientos sobre una presunta paternidad que jamás habría sido confirmada ni descartada mediante pruebas.
La protagonista de esta historia es Rosemary Sarmiento, quien actualmente trabaja en el Congreso de la República y quien habría iniciado su romance con Luna cuando apenas tenía 21 años de edad. Él, por su parte, ya tenía 50 años y ocupaba una posición de poder que habría facilitado el favorecimiento sistemático de la joven en su carrera política y profesional.
LA TESTIGO QUE DECIDIÓ HABLAR
Vanesa Pumarica, empresaria que mantuvo una estrecha amistad con Sarmiento y se convirtió en su comadre, ha roto el silencio que durante años protegió este secreto. «Ella me contaba que tuvieron una relación. Fueron enamorados cuando era joven», reveló Pumarica sin titubeos.
Pero el testimonio va mucho más allá del simple romance. La empresaria expuso que la familia de Sarmiento habría confrontado a Luna en múltiples ocasiones señalándolo como el presunto padre de una de las hijas de la trabajadora parlamentaria. La respuesta del político habría sido el silencio absoluto y la negativa rotunda a someterse a una prueba de ADN que podría confirmar o descartar definitivamente la paternidad.
«No quiso ahondar en el tema», explicó Pumarica sobre la razón por la cual nunca se concretó la prueba genética que habría podido resolver el asunto de una vez por todas.
LA ESCALERA AL PODER: CUANDO EL FAVORECIMIENTO ES EVIDENTE
El ascenso meteórico de Rosemary Sarmiento en el mundo político y su conexión permanente con José Luna Gálvez presentan un patrón que resulta imposible ignorar:
En el Congreso: Sarmiento habría ingresado a laborar en el Parlamento aproximadamente en 2005, coincidiendo precisamente con el inicio de su relación sentimental con el entonces congresista Luna.
En la política partidaria: La joven fue impulsada como candidata a regidora de Lima por Podemos Perú en las elecciones municipales de 2018. Dos años después, en 2020, volvió a ser candidata, esta vez al Congreso de la República, por el mismo partido fundado y dirigido por su presunto expareja.
En la academia: El caso más revelador ocurrió en 2021, cuando Rosemary Sarmiento obtuvo su grado académico en Administración y Finanzas. ¿La institución educativa? Nada menos que la Universidad Privada Telesup, fundada, dirigida y controlada por José Luna Gálvez.
Cuando fue confrontada directamente sobre su relación con el candidato presidencial, Sarmiento reaccionó con evasivas y amenazas: «Yo no sé a qué se deben estas preguntas, no es delito trabajar en el Congreso. Puedo denunciarte por difamación«, respondió con notoria incomodidad.
VENGANZA Y REVELACIONES: CUANDO EL PASADO TE ALCANZA
Vanesa Pumarica explicó que su decisión de hablar públicamente no fue gratuita. Según la empresaria, Rosemary Sarmiento habría intentado perjudicarla enviando información comprometedora a diversos programas de espectáculos, buscando involucrarla en escándalos mediáticos sin justificación alguna.
«Yo siempre se lo dije y se lo digo de frente: todo acto tiene consecuencias«, declaró Pumarica con contundencia. «Ella, al querer intentar, de una u otra manera, sin yo hacerle nada… simplemente decidí hacer mi vida y ella viene y me hace lo que me hace, que me quedé sorprendida yo», agregó la testigo clave de este caso.
El mensaje es claro: después de años de silencio y complicidad, Pumarica decidió que era momento de que la verdad saliera a la luz, especialmente considerando las aspiraciones presidenciales de Luna.
CUANDO CONVIENE PEDIR JUSTICIA… Y CUANDO NO
La reacción de José Luna Gálvez ante este escándalo ha sido el silencio más absoluto. Ni una palabra sobre su relación con Sarmiento, ni una explicación sobre los señalamientos de paternidad, ni una justificación sobre el evidente favorecimiento a su excolaboradora.
Sin embargo, el candidato presidencial sí encontró tiempo y energía para solicitar acciones legales al Ministerio Público por un tema completamente diferente: presuntos actos de corrupción en la Municipalidad Distrital de Pilcomayo, en Junín, donde terceros habrían utilizado supuestamente su nombre de forma indebida.
En un oficio dirigido al fiscal de la Nación, Tomás Gálvez, Luna expresó su preocupación por personas que podrían estar usando su imagen para «engañar-estafar a terceras personas con la expectativa de materializar presupuesto para sus regiones».
«Tuve la responsabilidad de dirigir la Comisión de Presupuesto y Cuenta General de la República, estando expuesto a que personas inescrupulosas utilicen mi nombre para engañar», argumentó el político en el documento oficial.
El texto continúa: «En tal sentido, y existiendo un supuesto testimonio, en el que se señala que el señor Marlon Ninahuanca Pariona habría utilizado indebidamente mi nombre para estafar o aparentar tener influencias o injerencias en la gestión pública, solicito a usted, lleve a cabo las investigaciones penales contra él y contra los que resulten responsables, por los ilícitos que pudieran haber cometido».
LA PREGUNTA QUE NADIE SE ATREVE A HACER
Señores y señoras, la contradicción es evidente y brutal: ¿Por qué José Luna Gálvez exige investigaciones exhaustivas cuando se trata de corrupción ajena, pero guarda un silencio sepulcral cuando se le confronta sobre su propia vida personal y los señalamientos de presunta paternidad?
¿Por qué un hombre que aspira a dirigir los destinos de más de 33 millones de peruanos se habría negado sistemáticamente a someterse a una simple prueba de ADN que podría despejar todas las dudas de una vez por todas?
¿Por qué alguien que predica valores y honestidad habría mantenido en las sombras durante dos décadas una relación con una colaboradora 29 años menor, favoreciendo su carrera política y académica de manera evidente?
El silencio de Luna no es casual: es estratégico, calculado y revelador. Mientras continúa su campaña electoral prometiendo transparencia, su pasado lo persigue con preguntas que se niega a responder y con señalamientos de una presunta paternidad que jamás habría sido confirmada ni descartada mediante pruebas científicas.
La historia está sobre la mesa. Los testimonios y señalamientos han salido a la luz. Ahora, señores y señoras, les corresponde a ustedes decidir si un hombre con este tipo de secretos y cuestionamientos merece gobernar nuestro país.


