Destapan la millonaria estrategia digital del candidato de APP que evade declarar gastos ante la ONPE
La máscara se cayó. Una investigación periodística sacó a la luz la turbia estrategia de César Acuña para seducir al voto joven: pagar miles de dólares a streamers populares y luego hacer pasar todo como «apoyo espontáneo». Cristorata, Neutro y SachaUzumaki son los nombres que aparecen en esta red de influencers que habrían vendido su credibilidad por los billetes del líder de Alianza para el Progreso.
La jugada es simple pero efectiva: usar plataformas como Kick, donde estos creadores de contenido tienen millones de seguidores entre adolescentes y jóvenes adultos, para construir una imagen «cercana» del candidato presidencial. Cristorata llega a 2.7 millones de usuarios, Neutro —el mismo que se hizo viral por quemar a otra persona— suma 500 mil, SachaUzumaki alcanza los 141 mil y Manuelito cuenta con 83,800 seguidores. Todos ellos tienen un denominador común: su audiencia son chicos de 15 a 18 años, exactamente el rango de edad de los votantes primerizos que Acuña necesita conquistar.
Pero aquí viene lo más sucio del asunto: otros streamers que no están en la planilla de Acuña han salido a denunciar públicamente que todo este «amor» al candidato tiene precio. Y no es cualquier precio. Según estas revelaciones, una campaña completa de promoción en estas plataformas podría costar hasta US$30,000. Treinta mil dólares por hacer creer a miles de jóvenes que su ídolo digital realmente cree en un político.
Henry Rafael, analista de marketing político, desentrañó la mecánica perversa detrás de esta estrategia: «Esta dinámica genera una mayor cantidad de visibilidad. ¿Por qué? Porque se basa en la burla. Sin embargo, esto no le afecta como personaje, ya que él está construyendo una identidad basada en la cotidianidad. Aquí hay un elemento clave: aunque la gente se burle de ese personaje —por su estatura, por no saber expresarse o por sus errores básicos—, el mensaje de fondo que se transmite es que, a pesar de todo, tiene dinero y es exitoso».
O sea, Acuña convierte sus propias debilidades en fortalezas. Se deja ridiculizar, pero al final del día, el mensaje que queda es: «miren, este señor tiene plata y es exitoso a pesar de todo». Y los jóvenes, creyendo que están participando de un meme, terminan normalizando y hasta admirando al personaje.
Pero lo verdaderamente escandaloso está en cómo Acuña burla al sistema. Según la investigación, el candidato etiqueta todas estas apariciones millonarias como «contenido orgánico o gratuito». ¿Qué significa esto? Que no las declara ante la Oficina Nacional de Procesos Electorales. Simplemente las ignora en sus reportes, como si no existieran.
Y aquí está el problema legal: la normativa electoral peruana es clara como el agua. Cualquier propaganda que busque influir en el voto debe ser identificada y declarada. No importa si te lo presentan como «colaboración entre amigos» o «contenido espontáneo». Si hay intención de promocionar a un candidato, debe ir en la declaración jurada ante la ONPE, con valorización a precios de mercado, firma del aportante y firma del tesorero del partido. Sin excepciones.
Acuña no solo estaría comprando influencia, estaría evadiendo sus obligaciones electorales y engañando a la autoridad. ¿Así quiere gobernar el país? ¿Evadiendo, ocultando y mintiendo desde la campaña?


