El Pleno lo censuró como titular del Parlamento, arrebatándole también la encargatura del Ejecutivo. El país entra en un peligroso vacío de poder.
En una sesión extraordinaria que sacudió los cimientos del sistema político peruano, el Pleno del Congreso aprobó hoy la moción de censura contra José Jerí Oré, presidente del Legislativo. La decisión, respaldada por la mayoría de las bancadas opositoras, no solo lo saca de la Mesa Directiva: lo bota automáticamente de la encargatura de la Presidencia de la República, cargo que ejercía por sucesión constitucional. El Perú, una vez más, se queda sin timón.
La votación se realizó esta tarde en medio de una contundente unidad opositora. Los legisladores argumentaron que las denuncias periodísticas y los cuestionamientos acumulados en las últimas semanas hacían «insostenible» que Jerí siguiera al frente de dos poderes del Estado al mismo tiempo. La censura como presidente del Congreso le quitó el requisito constitucional indispensable para ejercer la encargatura presidencial, dejando el cargo vacante.
Un mandato que se derrumba
Jerí asumió la encargatura del Ejecutivo por vía de la sucesión constitucional y debía conducir al país hasta julio de 2026. Ese mandato de transición se interrumpe abruptamente. Los portavoces de las bancadas que impulsaron la censura señalaron que era urgente «recuperar la legitimidad del cargo» luego de que se revelaran reuniones extraoficiales y presuntas irregularidades administrativas durante su gestión.
A partir de hoy, José Jerí abandona Palacio de Gobierno y su despacho en la presidencia del Parlamento. Regresa a su curul como congresista raso, mientras el país espera que el Legislativo defina una nueva línea de mando.
El vacío que nadie quiere ver
La salida de Jerí abre una crisis institucional de proporciones mayores. El Poder Ejecutivo entra en una situación de vacancia temporal mientras el Congreso activa los procedimientos para reordenar la sucesión. Una vez más, el Perú se enfrenta a un escenario de inestabilidad política provocado por las propias instituciones que deberían garantizar la gobernabilidad.
Señores y señoras, esto no es un juego político más: es la muestra más clara de que el sistema está roto. ¿Hasta cuándo vamos a seguir mirando cómo los que deben conducirnos nos llevan al abismo?


